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Sobre “El mañana efímero” de Antonio Machado

 Haga clic aquí para leer el poema.

Y como detonada por el augurio del poeta sevillano, el 17 de Julio de 1936 estalló La Guerra Civil, una de las más grandes catástrofes sociales, demográficas, culturales, económicas y políticas de la historia de España. El verso “Esa España inferior que ora y embiste / cuando se digna a usar la cabeza” resultó ser vaticinio de una lucha entre la una y la otra España. El ultra-catolicismo fanático, encarnado en un bando cuya guerra trascendía la mera política para transformarse en una cruzada, al que Machado señala con inquina, y el ansia justiciera del bando Republicano, de la “España de la rabia y de la idea”. Cuando la embestida fue irrefrenable y los Republicanos cedieron, no cedieron ante un ejército, sino ante el empuje de una serie de políticas represivas que amputaron la España de la idea con el exilio masivo de científicos, pensadores, escritores y profesores. Para entonces, ya sabía Machado muy bien que la cura de España residía en la erradicación de la intolerancia y el oscurantismo, en el destierro de los escrúpulos ante las ideas foráneas. Por desgracia, el bando Nacional también comprendió esto y tuvo el detalle y la consideración de preocuparse durante los años de posguerra de enterrar bien hondo todo resquicio de cultura, toda libertad y derecho que no se sometiese a las máximas – y las mínimas – franquistas.  Continuar leyendo

El Metaego y por qué las palomas son de fiar.

La consciencia y la meta-consciencia son dos de los grandes misterios no solo de la filosofía, sino de muchos y muy avanzados campos de investigación como la neurología o la psicología. Aunque dispuesta a escribir este artículo me percaté de que poco más podía hacer que plantear cuestiones irresolutas sobre aspectos tan ambiguos como los anteriormente citados, nunca me cansaré de decir que el arte de formular las preguntas correctas es tanto o más arduo que el de responderlas. Así pues… Continuar leyendo

Anexo a “Las voces”; cómo se escribe un Best Seller.

No deja de sorprenderme el Boom de la “literatura” erótica de tintes sado-masoquistas, que presenta roles de dominancia y sumisión sospechosamente acordes a los roles de feminidad y masculinidad – con un obvio toque “Laracrofista”, no vaya a ser que por falta de iniciativa de la figura femenina se le lancen las pussy riots a vaciarles las cuencas de los ojos Continuar leyendo

Voces sobre el silencio

“[…] Por otra parte ¿acaso no es verdad que las mujeres no han creado aún nada elevado? Ya tienen más de medio siglo de supuesta liberación y siguen en la medianía. Yo no soy misógino, de hecho tengo profundo aprecio a las mujeres […] espero que de verdad algún día lleguen a liberarse de manera genuina. Pero, no obstante, creo que el saber más profundo y elevado de todos los que ha creado el hombre -la metafísica- nunca la hubiesen podido crear las mujeres; la metafísica, y en general toda filosofía seria, es profundamente ajena a sus instintos; las mujeres no pueden conciliar su condición architerrenal con la elevación de las ideas y los puros conceptos, siempre necesitan un suelo en qué apoyarse, no toleran el abismo. Por algo prefieren la psicología, es un camino pseudofilosófico para elaborar ideas, pues toda psicología es una forma de domesticar lo real, algo que las mujeres aman hacer, a pesar de que en ello les vaya su propia esclavitud.

[…] Pero los varones sí que podemos trascender nuestra condición hormonal, las mujeres no.

Pienso en la lamentable opinión de la amante de Heidegger, Hannah Arendt, “La filosofía mata la vida”, simplemente no entiendo por qué concluir eso sólo porque Heidegger prefirió la ontología, pero me parece típico de las mujeres, pues dudo que sepan de la vitalidad del concepto, dado que éste no es “terrenal” sino el paso al mar abismal, como bien lo sabían Kant, Hegel, Nietzsche, Heidegger y, por supuesto, Schopenhauer; Platón y Aristóteles antes de ellos; Parménides y Heráclito egregiamente.”

[…] Finalmente, la fecha que tomo como “liberación femenina” es la década de los 60 del siglo pasado. Y quisiera ser más claro al respecto: en medio siglo, las mujeres siguen más ocupadas por buscar el reconocimiento que por afirmarse a sí mismas; para mí, eso es síntoma de conciencia “esclava”.”

Estas palabras, que podrían haber sido extraídas de “La perfecta casada“, de Fray Luís de León, las encontré pocos días ha como apostilla a una entrada que trataba la escueta pero intensa tendencia misógina de Arthur Schopenhauer. Este respetable discurso, de un profesor de filosofía de la ciudad de México (nunca me arriesgaría a ser acusada de carnicería y descontextualización, así pues dejo el link que les redirigirá al artículo donde, en la sección de comentarios, pueden observarse los fósiles del debate) , me hizo recapacitar.  Continuar leyendo

Érase una vez un país en el cual dos partidos políticos se pasaban los poderes cada cuatro años como una patata caliente. Érase una vez una oposición que se alimentaba de las migajas de los poderes absolutos de una nación “desarrollada”. Una etapa histórica en la que se mancilló el nombre de la política, un mundo dominado por multinacionales que miraban desde arriba como Dioses y colocaban a los civiles números en la coronilla mientras se relamían los bigotes al ver sus caras de dólar, de presidentes de papel. Continuar leyendo

“Perdónalos, señor, pues no saben lo que hacen.”

Decía Sócrates que el conocimiento era virtud, y que sin conocimiento el hombre se veía tentado a hurgar en los posos de la maldad, sin saber de esta su verdadera naturaleza. El hombre que desconoce, desconoce el bien, y el desconocimiento del bien le convierte, contra todo pronóstico, no en un hombre malvado sino en un profundo ignorante. El intelectualismo moral es, sí, el Jesucristo de las teorías éticas, la indulgencia ante la inclemencia. Es el “perdónalos, señor, pues no saben lo que hacen” de un juicio perpetuo y universal, aun inacabado. Continuar leyendo